La nada es un infinito que nos envuelve: venimos de allá y allá nos volveremos. La nada es un absurdo y una certeza; no se puede concebir, y, sin embargo, es.
Frases célebres de Anatole France. [Página 4]
Anatole François Thibault , que adoptó el sobrenombre de Anatole France, fue un escritor francés.
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La vejez conduce a una tranquilidad indiferente que asegura la paz interior y exterior.
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Afortunadamente, no tenemos por qué parecernos a nuestros retratos.
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Los autores de revoluciones no pueden sufrir que otros las hagan después de ellos.
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En todo lo que nos rodea y en todo lo que nos mueve debemos advertir que interviene en algo la casualidad.
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Morir es tan sencillo y tan aceptable como nacer.
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No se ama verdaderamente sino cuando se ama sin razón
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Si todas las injusticias fuesen reparadas en este mundo, no se hubiera imaginado nunca otro para repararlas.
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Antes de suprimir un artículo de fe común es preciso meditarlo mucho.
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Los hombres ejercen el poder divino de abrir todas las puertas. Yo sólo puedo abrir algunas. Las puertas son gigantescos ídolos que no ceden gustosos a las mañas de los perros.
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Me gusta divagar; no hay cosa más agradable ni más útil.
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Todos los orígenes tienen para nosotros el interés del misterio.
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Es cierto que el amor conserva la belleza y que la cara de las mujeres se nutre de caricias, lo mismo que las abejas se nutren de miel.
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Es preciso elevarse con las alas del entusiasmo. Si se razona, no se volará jamás.
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No perdamos nada del pasado. Sólo con el pasado se forma el porvenir.
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La vida resulta deliciosa, horrible, encantadora, espantosa, dulce, amarga; y para nosotros lo es todo.
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Gobernar siempre quiere decir hacer descontentos.
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Cuando se ve una cosa bella, se quiere poseerla. Es una inclinación natural que las leyes han previsto.
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El Cristo del Evangelio es un demagogo. Por añadidura, padeció un suplicio que desde hace mil novecientos años todos los pueblos cristianos consideran como un grave error judicial.
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Concebía una idea muy elevada de la justicia por la ostentación que la rodeaba.