Y hembra es el alma de la ausente. Y hembra es el alma mía.
Frases célebres de César Vallejo. [Página 2]
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El carnicero piensa en ti, palpando el hacha en que están presos el acero y el hierro y el metal: jamás olvides que durante la misa no hay amigos.
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¿Batallas? ¡No! Pasiones. Y pasiones precedidas de dolores con rejas de esperanzas, de dolores de pueblos con esperanzas de hombres, ¡muerte y pasión de paz, las populares!
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Y en esta hora fría, en que la tierra trasciende a polvo humano y es tan triste, quisiera yo tocar las puertas, y suplicar a no sé quién, perdón, y hacerle pedacitos el pan fresco aquí en el horno de mi corazón...
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En el momento en que el tenista lanza magistralmente su bala, le posee una inocencia totalmente animal; en el momento en que el filósofo sorprende una nueva verdad, es una bestia completa.
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Pero para las lágrimas de amor, los luceros son lindos pañuelitos lilas, naranjos, verdes, que empapa el corazón.
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¡Alejarse! ¡Quedarse! ¡Volver! ¡Partir! Toda la mecánica social cabe en estas palabras.
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Hay soledad en el hogar sin bulla, sin noticias, sin verde, sin niñez.
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Simplificado el corazón, pienso en tu sexo, ante el hijear maduro del día.
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Evadirse de la prisión de la forma poética y de la sintaxis.
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¿Es para eso que morimos tanto? ¿Para sólo morir, tenemos que morir a cada instante?
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Considerando en frío, imparcialmente, que el hombre es triste, tose, y sin embargo se complace en su pecho colorado.
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¿Qué hay de más desesperante en la tierra que la imposibilidad en que se halla el hombre feliz de ser infortunado y el hombre bueno, de ser malvado?
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Hoy no ha venido nadie y hoy he muerto qué poco en esta tarde.
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¡Oh! Botella sin vino ¡Oh! ¡Vino que enviudó de esta botella!