La cabaña donde te despojabas de tu traje antes del baño se cambió para siempre en un cristal abstracto. Y en él está la oscura miel de la tarde, junto al balcón, y las pequeñas lechuzas, graciosas, y el olor de los arneses.
Frases célebres de Czeslaw Milosz. [Página 2]
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Transformado en mirar puro, seguiré devorando las proporciones del cuerpo humano, el color de los lirios, esa calle parisina en un amanecer de junio, y toda la extraordinaria, inconcebible multiplicidad de las cosas visibles.
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Nos permitieron aullar en la lengua de los enanos y los demonios, pero las palabras puras y generosas quedaron prohibidas bajo una pena tan severa que si alguien se atrevió a pronunciar alguna de ellas puede considerarse hombre perdido.
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Y el corazón no muere cuando uno creyó que debería, pero sonreímos, el té y el pan sobre la mesa. Sólo el remordimiento de no haber amado como se debe esa pálida ceniza de Sachsenhausen con un amor absoluto, que no está a la medida del hombre.
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¿Y si fuera tan sólo el amor hacia nosotros mismos lo que ocultamos tras esta palabra, para causar buena impresión, pues lo que amamos realmente es nuestro propio calor, el latido de nuestro corazón y nuestra manera de envolvernos en la manta?
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Antes, los cinco sentidos, estaban abiertos y, más temprano que en cualquier comienzo, esperaron, listos, por todos los que a sí mismos se llamaran mortales, para que de este modo ellos pudieran alabar, como yo hago, vida, eso que es la felicidad.
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Cuando los campesinos no poseen suficiente tierra se ven obligados a trabajar para ellos, para los ricos, y éstos se aprovechan. Y usted quiere ayudarlos. Cuando el poder del pueblo lo arranca a usted de la miseria y del desprecio, usted le paga mal por b
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Hubo un tiempo en que sólo los libros sabios eran leídos y nos ayudaban a soportar nuestro dolor y sufrimiento.
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Porque eso significa enfrentar un muro de piedra y entender que ese muro no cederá ante ninguna de nuestras súplicas.
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La bondad divina no conoce límites y que el arrepentimiento de los pecados es más que suficiente para obtener el perdón.
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Cuando me muera, voy a ver el revestimiento del mundo. La otra cara, más allá de las aves, las montañas, la puesta de sol.
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Siempre he sabido que seré obrero en la viña, al igual que todos mis contemporáneos, conscientes de ello, o inconscientes.
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Si después de morir me voy al cielo, tendrá que ser como aquí, sólo que liberado de estos torpes sentidos, de estos pesados huesos.
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Es arduo adivinar de dónde viene el orgullo de los poetas cuando tan a menudo quedan avergonzados por la revelación de su fragilidad.
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Escribir fue para mí estrategia de protección, de borrar las huellas. Porque a la gente no puede gustarle aquél que alcanza lo prohibido.
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Caminaste por la calle y allí estaban: el látigo y el derramamiento de sangre. Recuerda por lo tanto que no hay duda: Ciertamente existe el infierno.
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Nunca más me arrodillaré en mi pequeño país, junto a un río, Para que lo pétreo en mí se pueda disolver, Para que nada quede sino mis lágrimas, lágrimas.
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Para muchos hombres, como para esos chicos, batirse en la guerra es sólo un deber para con Dios y con la patria. Para otros, en cambio, es una forma de suicidio.
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Los poemas deben escribirse rara vez y de mala gana, bajo penas intolerables y sólo con la esperanza de que los buenos espíritus, no los malos, nos elijan como instrumento.