La muerte es una quimera, pues cuando yo estoy, ella no está; y cuando ella está, yo no.
Frases célebres de Epicuro. [Página 2]
Epicuro de Samos , fue un filósofo griego.
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La necesidad esta dentro del mal, pero no hay causa, dianoética, alguna de vivir con necesidad.
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Las enfermedades duraderas proporcionan a la carne más placer que dolor.
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Llegará un momento en que creas que todo ha terminado. Ese será el principio.
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Límite de la grandeza de los placeres es la eliminación de todo dolor. Donde exista placer, por el tiempo que dure, no hay ni dolor ni pena ni la mezcla de ambos.
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Lo insaciable no es la panza, como el vulgo afirma, sino la falsa creencia de que la panza necesita hartura infinita.
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Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.
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Nadie, al ver el mal, lo elige, sino que se deja engañar por él, como si fuera un bien respecto a un mal peor.
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No es verdaderamente impío el hombre que niega los dioses que la multitud venera, sino aquél que afirma de los dioses lo que la multitud cree de ellos.
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Para muchos, haber ganado riquezas no fue acabamiento de sus miserias, sino cambio de unas miserias por otras.
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Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven.
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Quien afirma que aún no le ha llegado la hora o que ya le pasó la edad, es como si dijera que para la felicidad no le ha llegado aún el momento, o que ya lo dejó atrás.
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Quien un día se olvida de lo bien que lo ha pasado se ha hecho viejo ese mismo día.
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¿Quieres ser rico? Pues no te afanes por aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.
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Retírate dentro de ti mismo, sobre todo cuando necesites compañía.
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Si buscas la fama, más fama te darán mis cartas que todas esas cosas que festejas y por las cuales eres festejado.
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Todo el mundo se va de la vida como si acabara de nacer.
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También en la moderación hay un término medio, y quien no da con él es víctima de un error parecido al de quien se excede por desenfreno.
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Una ira desmesurada enjendra la locura.
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La manía de hablar siempre y sobre toda clase de asuntos es una prueba de ignorancia y de mala educación, y uno de los grandes azotes del trato humano