El talento escondido no produce reputación.
Frases célebres de Erasmo de Rotterdam. [Página 4]
Erasmo de Rotterdam fue un filósofo humanista, filólogo y teólogo neerlandés, autor de importantes obras en latín.
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Pues no hay cosa más desasosegada que el ánimo insatisfecho de sí mismo.
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No existe posesión de mayor precio que un amigo de veras; en ésta suelo descansar, y con ella consolarme de los posibles desafueros de la fortuna.
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Un solo crimen convierte en un maldito; millares, en un héroe.
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Un hombre le había injuriado malamente y no tomó pena ni se movió por ello, y como un amigo suyo se maravillase mucho, díjole: A mí no me dice mal, porque lo que dice no me compete a mí ni en mí se hallará. Al revés lo hace ahora el común de la gente que
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Otro le dio por injuria que era mestizo, porque su padre era de Atenas y su madre era bárbara. A éste respondió: Tampoco tú eres hijo de dos luchadores, en cambio eres luchador. Quiso decir que no va nada en que el hombre sea nacido donde quiera y de cual
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Viendo este filósofo a sus ciudadanos tan dados a los deleites y por otra parte edificar tan suntuosamente, dijo: Los Agrigentinos así se dan a los deleites como si mañana hubiesen de morir, y así edifican como si siempre hubiesen de vivir.
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Los zorros usan muchos trucos. Los erizos, sólo uno. Pero es el mejor de todos.
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En el estudio no existe la saciedad.
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Reírse de todo es propio de tontos, pero no reírse de nada lo es de estúpidos.
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Para el hombre dichoso todos los países son su patria.
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Vale más tener envidiosos que inspirar piedad
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La felicidad consiste principalmente en resignarse a su suerte, en querer ser lo que se es
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Opónense a la razón dos antagonistas formidables: la cólera, que la tienen la sade de su imperio en el corazón, en los orígenes mismos de la vida, y la lubricidad, que extiende su preponderancia hasta más abajo de la región abdominal
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Un solo crimen convierte en un maldito.
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Para quienes no la han experimentado es buena la guerra.
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Julio. Y yo digo que ya está bien de palabras. Si no obedeces al punto, lanzaré contra ti el rayo de la excomunión con el que alguna vez aterroricé a los más altos reyes e incluso reinos enteros. ¿Ves la bula preparada ya al respecto?
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La filosofía es una meditación de la muerte.
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La guerra no discute que esta o aquella ciudad deba obedecer a un buen príncipe antes que servir a un tirano, sino si se pone a nombre de Fernando o Segismundo, si paga el impuesto a Felipe o a Luis.
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La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa.