Es un dichoso infortunio el no tener hijos.
Frases célebres de Eurípides. [Página 4]
Eurípides (Salamina, 480 a. C. - Pella, 406 a
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Mi lengua promete, pero mi mente no ha prometido.
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No hay ningún hombre absolutamente libre. Es esclavo de la riqueza, o de la fortuna, o de las leyes, o bien el pueblo le impide obrar con arreglo a su exclusiva voluntad.
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Rema en tu propio barco
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Hasta las desdichas han de sentirse con moderación
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Cuando las calamidades caen sobre un Estado, se olvidan los dioses y nadie se preocupa de honrarlos.
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El hombre no vive de pan, sino de verdad.
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A quienes Dios quiere destruir, primero los enloquece.
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Cuando hay un exceso de amor, el hombre pierde su honor y su valía.
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No es lo que el orador dice, sino quién es, lo que da peso a la elocuencia
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El mejor adorno de una mujer lo constituye el silencio y la modestia.
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En la bondad se encierran todos los géneros de la sabiduría.
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El hombre que pide a los dioses la muerte es un loco: no hay en la muerte nada tan bueno como la miseria de la vida.
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Dícese que los regalos persuaden aun a los dioses.
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El amor es el maestro más fecundo en recursos.
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La juventud es la mejor época para ser rico y la mejor época para ser pobre.
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¡Oh!, bálsamo precioso del sueño, alivio de los males, cómo te agradezco que acudas a mí en los momentos de necesidad.
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El tiempo revela todas las cosas: es un charlatán y habla hasta cuando no se le pregunta.
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Donde no hay vino no hay amor.
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Es una carga demasiado pesada para un solo corazón sufrir por dos