Toda la historia del progreso humano se puede reducir a la lucha de la ciencia contra la superstición.
Frases célebres de Gregorio Marañón. [Página 2]
Gregorio Marañón y Posadillo fue un médico endocrino, científico, historiador, escritor y pensador español, cuyas obras en los ámbitos científico e histórico tuvieron una gran relevancia internacional.
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La felicidad es fundamentalmente un sentimiento negativo: la ausencia de dolor.
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Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir, y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir.
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Los celos son siempre el instrumento certero que destruye la libertad interior y elimina en la compañía toda la felicidad posible.
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Casi siempre que un matrimonio se lleva bien, es porque uno de los esposos manda y el otro obedece.
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No hay enfermedades sino enfermos.
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El hombre es el que hace la historia; la mujer tiene reservada la misión de hacer al hombre, padre de la historia.
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Tienes más cualidades de lo que tú mismo crees; pero para saber si son de oro bueno las monedas, hay que hacerlas rodar, hacerlas circular. Gasta tu tesoro.
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Amar y sufrir es, a la larga, la única forma de vivir con plenitud y dignidad.
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La verdad no está sólo detrás del experimento, sino también detrás de la simple y fecunda observación.
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El creerse protegido de Dios corroe y destruye la tensión para el esfuerzo.
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El tronco que se lleva, arrastrando, la corriente tal vez crea que el árbol que sigue creciendo en la orilla anda hacia atrás.
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Las gentes que no piensan nada por sí solas, pensando al revés de las que ya han pensado se creen también en posesión de ideas originales.
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El afán de acumular derechos ha socavado y sofocado el sentido del deber.
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El progreso de la humanidad, en lo que atañe al problema sexual, se ha de basar en una diferenciación cada vez más neta de los sexos. Estamos en una etapa retrasada de esta diferenciación.
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Amo tanto a España, porque la conozco.
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No son los dos sexos superiores o inferiores el uno al otro. Son, simplemente, distintos.
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Si la pena no muere, se la mata.
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Las oposiciones son el más sangriento espectáculo nacional después de los toros.
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Lo peor del pícaro es que las picardías que inventa son jocosas, caen simpáticas y parecen perdonables.