Entreabro los soñolientos ojos, sacudo las plumas y héteme aquí calzado y vestido
Frases célebres de Gustavo Adolfo Bécquer. [Página 4]
Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, poeta y narrador español nacido en Sevilla, perteneciente al movimiento del Romanticismo, aunque escribió en una etapa literaria perteneciente al Realismo.
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Dimos formas reales a un fantasma, de la mente ridícula invención, y hecho el ídolo ya, sacrificamos en su altar nuestro amor
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Pero mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante un altar, como yo te he querido... desengáñate, ¡así no te querrán!
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Para poder poner ante tus plantas la ofrenda de mi vida y de mi amor, con alma, sueños rotos, risas, lágrimas, hice mis versos yo.
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Nuestra pasión fue un trágico sainete en cuya absurda fábula lo cómico y lo grave confundidos risas y llanto arrancan
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La religión es amor y porque es amor, es poesía.
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Cambiar de horizonte es provechoso a la salud y a la inteligencia
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Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados una a arrollar, el otro a no ceder; la senda estrecha, inevitable el choque
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Todo es mentira: la gloria, el oro. Lo que yo adoro sólo es verdad: ¡la Libertad!
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¿A qué fingir el labio risas que se desmienten en los ojos?
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La soledad es muy hermosa... cuando se tiene junto a alguien a quien decírselo
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Al brillar un relámpago nacemos y aún dura su fulgor cuando morimos; tan corto es el vivir
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No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira: podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía.
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El espectáculo de lo bello, en cualquier forma en que se presente, levanta la mente a nobles aspiraciones.
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¡Llora! No te avergüences de confesar que me quisiste un poco. ¡Llora! Nadie nos mira. Ya ves; yo soy un hombre... y también lloro
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Dos rojas lenguas de fuego que a un mismo tronco enlazadas se aproximan, y al besarse forman una sola llama
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El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo
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El mundo es un absurdo animado que rueda en el vacio para asombro de sus habitantes.
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¡Qué hermoso es ver el día coronado de fuego levantarse, y a su beso de lumbre brillar las olas y encenderse el aire!
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Dices que tienes corazón, y sólo lo dices porque sientes sus latidos; eso no es corazón... Es una máquina que al compás que se mueve hace ruido