Nunca discutas con un idiota. La gente podría no notar la diferencia.
Frases célebres de Immanuel Kant. [Página 2]
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Wikipedia tiene un artículo sobre Immanuel Kant.
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El sabio puede cambiar de opinión. El necio, nunca.
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El hombre es celoso si ama; la mujer también, aunque no ame.
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La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte.
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Si el hombre no debe ahogar sus sentimientos, tendrá entonces que practicar la amabilidad hacia los animales, ya que aquel que es cruel con los animales se vuelve tosco en su trato con los hombres. Se puede juzgar el corazón de un hombre por su trato a lo
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Obra de tal manera que trates a los demás como un fin y no como medio para lograr tus objetivos
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Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar.
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Pereza y cobardía son las causas merced a las cuales tantos hombres continúan siendo con gusto menores de edad durante toda la vida, pese a que la naturaleza los haya librado hace ya tiempo de una conducción ajena haciéndoles físicamente adultos; y por es
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La democracia constituye necesariamente un despotismo, por cuanto establece un poder ejecutivo contrario a la voluntad general. Siendo posible que todos decidan contra uno cuya opinión pueda diferir, la voluntad de todos no es por tanto la de todos, lo cu
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La moral es la ciencia que enseña, no cómo hemos de ser felices, sino cómo hemos de llegar a ser dignos de la felicidad
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En las tinieblas la imaginación trabaja más activamente que en plena luz.
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Dos cosas me llenan el espíritu de admiración y espanto: el cielo estrellado sobre mí, y la ley moral de mí mismo.
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Hay que tratar de unir lentamente en la instrucción del niño el saber y el poder. Las matemáticas parecen ser, entre todas las ciencias, el único medio de satisfacer este fin.
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Un hombre es tanto menos libre e independiente, cuantos más hábitos tiene.
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La riqueza, aun sin merecimientos, inspira reverencia hasta a gentes desinteresadas, porque acaso les sugiere la idea de los grandes proyectos que permite realizar.
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Lo sublime ha de ser siempre grande; lo bello puede ser también pequeño.
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La verdadera virtud, por tanto, sólo puede descansar en principios que la hacen tanto más sublime y noble cuanto más generales.
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El español es serio, callado y veraz. Pocos comerciantes hay en el mundo más honrados que los españoles.
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El peligro que bordea más de cerca este carácter nacional es lo frívolo o, con expresión cortés, lo ligero. Cosas importantes son tratadas como bromas, y pequeñeces sirven para una ocupación seria.