La raíz es una flor que desprecia la fama
Frases célebres de Jalil Gibran. [Página 5]
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El amor no posee ni será poseído, porque es suficiente en sí mismo
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La piedra más firme de la estructura está en la parte inferior de los cimientos.
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El silencio de un envidioso está lleno de ruidos.
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Puedes olvidar a aquél con el que has reído pero no a aquél con el que has llorado.
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Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.
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La soledad es un consuelo para un alma entristecida, que aborrece a los que la rodean igual que un ciervo herido abandona su rebaño, para refugiarse en una cueva en la que sonará o morirá
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Y he hallado libertad y salvación en mi locura, la libertad de estar solo y salvo de ser comprendido, ya que quienes nos comprenden... esclavizan algo nuestro.
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La tortuga puede hablar más del camino que la liebre
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Vuestros hijos no son vuestros hijos: son los hijos y las hijas de las ansias de vida que siente la misma vida.
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El amor y la duda nunca han estado en buenos términos
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Buscad el consejo de los ancianos, pues sus ojos han visto el rostro de los años y sus oídos escuchado las voces de la vida. No obstante sus consejos os desagraden, escuchadlos
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Vuestro amigo es la respuesta a vuestras necesidades; él es el campo que sembráis con amor y cosecháis con agradecimiento; él es vuesra mesa y el fuego de vuestro hogar. Cuando os alejéis de vuestro amigo no sintáis dolor. Porque lo que más amáis en él qu
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Si revelas tus secretos al viento no le eches la culpa al viento por revelárselo a los árboles.
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Los hombres que no perdonan a las mujeres sus pequeños defectos jamás disfrutarán de sus grandes virtudes.
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La más bella palabra en labios de un hombre es la palabra madre, y la llamada más dulce: madre mía.
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Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que hace, en lo que ha logrado, sino en lo que aspira a hacer.
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Anoche inventé un nuevo placer, y cuando lo iba a disfrutar por vez primera, llegaron violentamente a mi casa un ángel y un demonio. Entraron en mi puerta y disputaron acerca de mi nuevo placer. Uno gritaba: ¡Es un pecado! Y el otro decía: ¡Es una virtud!
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Ver que los ardiles del zorro triunfan sobre la justicia del león, lleva al creyente a dudar de la justicia
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Aquel que te perdona un pecado que no has cometido, se perdona a sí mismo su propio crimen.