Quien inventó el primer vestido inventó el amor.
Frases célebres de Jean-Jacques Rousseau. [Página 4]
Jean-Jacques Rousseau , pensador, escritor, enciclopedista y filósofo franco-suizo.
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La infancia tiene sus maneras peculiares de ver, pensar y sentir, y nada hay tan fuera de razón como pretender sustituir esas maneras por las propias nuestras.
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El vicio rara vez se insinúa chocando con la honradez; casi siempre toma el color de ésta.
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Hay que avergonzarse de cometer una falta, no de repararla.
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El vicio rara vez se insinuó oponiéndose a la honradez; casi siempre toma el disfraz de ésta.
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La clase de felicidad que necesito es menos hacer lo que quiero que no hacer lo que no quiero.
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La gratitud es un deber que debiera ser recompensado, pero que nadie debe esperar la remuneración.
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Las necesidades más dispendiosas son las que nos imponen la opinión.
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Cuando Platón describe su imaginario Hombre recto, cargado con todos los castigos de culpa, pero mereciendo la más alta recompensa de virtud, él describe exactamente el personaje de Jesús...Que presencia de juicio...Si, si la vida y muerte de Sócrates son
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El Hombre que no conoce el dolor no conoce ni la ternura de la humanidad ni la dulzura de la conmiseración.
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El que se ruboriza ya es culpable; la verdadera inocencia no siente vergüenza por nada.
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El que los más sabios gobiernen es el orden mejor y más natural.
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La verdad no lleva a la fortuna, ni el pueblo da embajadas, cátedras ni pensiones
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Las ideas generales y abstractas son fuente de los más grandes errores humanos.
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La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces.
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No conozco mayor enemigo del hombre que el que es amigo de todo el mundo.
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Hay mucha diferencia entre viajar para ver países y para ver pueblos.
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Al salir de ciertas bocas, la misma verdad tiene mal olor.
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Las ciudades son el abismo de la especie humana.
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Ninguno puede ser feliz si no se aprecia a sí mismo