Quien oye y aprende, es mucha razón que atienda y calle.
Frases célebres de Juana Inés de la Cruz. [Página 2]
Sor Juana Inés de la Cruz , conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, o, simplemente, Sor Juana (San Miguel Nepantla, 12 de noviembre de 1651 o 1648, de acuerdo a algunas fuentes – Ciudad de México, 17 de abril de 1695) fue una religiosa católica, poeta y
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El que de amor adolece, de él divino ser tocado.
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Era una pasión por la mirada, y en su mirada estaban los ojos antes del tiempo; dice su padre que el tiempo es melancolía, y cuando se para lo llamamos eternidad.
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En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía.
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Teniendo por mejor en mis verdades consumir vanidades de la vida que consumir la vida en vanidades.
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Para todo se halla prueba y razón en qué fundarlo; y no hay razón para nada, de haber razón para tanto.
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Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia, pues en promesa e instancia juntáis diablo, carne y mundo.
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Todos aquellos que se eligen por algún medio para algún fin, se tienen por de menor aprecios que el fin a que se dirigen.
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Hijo y madre, en tan divinas peregrinas competencias, ninguno queda deudor y ambos obligados quedan... Pues si por eso es el llanto, llore Jesús, norabuena, que lo que expende en rocío cobrará después en néctar
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¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas?
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Al que ingrato me deja, busco amante;
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Véante mis ojos, pues eres lumbre de ellos, y sólo para ti quiero tenerlos.
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De la más fragante Rosa nació la Abeja más bella, a quien el limpio rocío dio purísima materia
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Hasta el saber cansa, cuando es saber por oficio.
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Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis.
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¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo, y siente que no esté claro?
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Y aunque es la virtud tan fuerte, temo que tal vez la venzan. Que es muy grande la costumbre y está la virtud muy tierna.
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Cuando mi error y tu vileza veo, contemplo, Silvio, de mi amor errado, cuán grave es la malicia del pecado, cuán violenta la fuerza de un deseo.