En el matrimonio es preciso contar con cualidades que resistan, que duren, y las grandes pasiones pasan pronto; al paso que una condición apacible en todos tiempos es buena.
Frases célebres de Mariano José de Larra. [Página 2]
Mariano José de Larra y Sánchez de Castro fue un periodista y escritor español, autor de No más mostrador (comedia, 1831) y El doncel de don Enrique el Doliente (novela, 1834), entre otras obras.
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Hay cosas que no tienen solución, y son las que más.
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Los madrileños se acercan al circo a ver un animal tan bueno como hostigado, que lidia con dos docenas de fieras disfrazadas de hombres.
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Para el elogio corre nuestra pluma rápidamente. Cuando se trata, empero, de vituperar, sólo a fuerza de horas podemos dar concluído a la prensa el artículo más conciso.
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¡Ay de aquel día en que no haya nada que hacer, en que no haya nada que aclarar!
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Ni ve que su mismo fuego presto su beldad destruye, y que donde el goce empieza el placer allí sucumbe
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Los autores han dicho siempre en sus prólogos y se lo han llegado a creer ellos mismos, que escriben para el público; no sería malo que se desengañasen de este error. Los no leídos y los silbados escriben evidentemente para sí; los aplaudidos y celebrados
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Es gloria el rendimiento y no flaqueza y es dichoso el que puede obedeciendo obedecer al menos a una hermosa.
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Siempre ha gemido la prensa; pero hoy que le das, Talidio, a imprimir tus obras todas, gime al menos con motivo.
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La diferencia que existe entre los necios y los hombres de talento suele ser sólo que los primeros dicen necedades y los segundos las hacen.
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Preciso es que sean muy malos los hombres si obligan a pensar tan mal de ellos
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Ley implacable de la naturaleza: o devorar, o ser devorado. Pueblos e individuos, o víctimas o verdugos.
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La modestia no es otra cosa que el orgullo vestido de máscara.
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En punto a amores tengo otra superstición: imagino que la mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere.
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Las circunstancias... palabras vacías de sentido con que trata el hombre de descargar en seres ideales la responsabilidad de sus desatinos.
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Y el gran lazo que sostiene a la sociedad es, por una incomprensible contradicción, aquello mismo que parecería destinado a disolverla; es decir, el egoísmo.
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El sentimiento es un flor delicada, manosearla es marchitarla.
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La verdad es como el agua filtrada, que no llega a los labios sino a través del cieno.
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¿En dónde ve el pueblo español su principal peligro, el más inminente? En el poder dejado por una tolerancia mal entendida.
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¡Bienaventurado todo aquel a quien la mujer dice no quiero, porque ése, a lo menos, oye la verdad!