Andan el pesar y el placer tan apareados que es simple el triste que se desespera y el alegre que se confía.
Frases célebres de Miguel de Cervantes. [Página 16]
Miguel de Cervantes Saavedra fue un soldado, novelista, poeta y dramaturgo español. Es considerado la máxima figura de la literatura española. Es universalmente conocido, sobre todo por haber escrito El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que much
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El amor y la afición con facilidad ciegan los ojos del entendimiento.
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En la tardanza dicen que suele estar el peligro.
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¡Oh, memoria, enemiga mortal de mi descanso!
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No hay pecado tan grande, ni vicio tan apoderado que con el arrepentimiento no se borre o quite del todo.
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Las armas tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida.
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La poesía tal vez se realza cantando cosas humildes.
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Siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos.
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Promesas de enamorados, por la mayor parte son ligeras de prometer y muy pesadas de cumplir
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Esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quien derriba.
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Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener.
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Alguno se estima atrevido, cuando con otros se compara. Algunos creo que hubo tan discretos que no acertaron a compararse sino a sí mismos.
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Come poco y cena menos, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.
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No hay cosa más excusada y aun perdida que el contar el miserable sus desdichas a quien tiene el pecho colmado de contentos.
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La abundancia de las cosas, aunque no sean buenas, hacen que no se estimen, y la carestía, aun de las malas, se estima en algo.
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En las cortesías antes se ha de pecar por carta de más que de menos.
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El amor nunca hizo ningún cobarde.
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Sabed que soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones.
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El agradecimiento que sólo consiste en el deseo es cosa muerta, como es muerta la fe sin obras.
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Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias.