La más tonta de las virtudes es la edad. ¿Qué significa tener quince, diecisiete, dieciocho o veinte años? Hay capullos, hay imbéciles, hay santos, hay genios de todas las edades.
Frases célebres de Nélson Rodrigues. [Página 2]
Nélson Rodrigues , escritor y dramaturgo brasileño.
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Llegó a las redacciones la noticia de mi muerte. Y los buenos compañeros intentaran redactar la noticia. Si es verdad lo que de mí dijeron las necrológicas, con la generosa abundancia de todas las necrológicas, soy de hecho un buen individuo.
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Lo importante es el matrimonio.
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O la mujer es fría o muerde. Sin dentada no hay amor posible.
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Otro día oí un padre decir, radiante: '¡He visto píldoras anticoncepcionales en el bolso de mi hija de doce años!' Estaba satisfecho, con el ojo rútilo. ¡Mire usted que subnormal!
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Se debe leer poco y releer mucho. Hay unos pocos libros totales, tres o cuatro, que nos salvan o que nos pierden. Y, sin embargo, el lector se desgasta, se desvanece en miles de libros más áridos de que tres desiertos.
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Sólo creo en las personas que aún se sonrojan.
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El 'buen hombre' es un cadáver mal informado.
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El hombre sólo es feliz a través de lo superfluo. En el comunismo, sólo se tiene lo esencial. ¡Qué cosa abominable y ridícula!
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Hay en la azafata la nostalgia de quien va a morir pronto. Fíjense en cómo ve las cosas con la dulzura de una última mirada.
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Nosotros, de la prensa, somos unos criminales del adjetivo. Con la más eufórica de las irresponsabilidades les llamamos 'ilustre', 'insigne', 'formidable' a cualquier don nadie.
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A toda mujer le gusta ser pegada.
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Brasil es muy impopular en Brasil.
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El bar es resonante como una concha marina. Todas las voces brasileñas pasan por allí.
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El brasileño no está preparado para ser 'el más grande del mundo' en cosa alguna. Ser 'el más grande del mundo' en cualquier cosa, aunque sea en escupido en distancia, implica una grave, pesada y sofocante responsabilidad.
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El gran abucheo es mil veces más fuerte, más poderoso, más noble que la gran apoteosis. Los admiradores corrompen.
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El oyente sólo es respetuoso cuando no está entendiendo nada.
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En nuestro siglo, el 'gran hombre' puede ser, al mismo tiempo, una buen imbécil.
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Hasta 1919, la mujer que iba al ginecólogo se sentía, ella misma, una adúltera.