Obedecer es el deber nuestro, es nuestro destino, y aquel que no quiera someterse a la obediencia será necesariamente despedazado.
Frases célebres de Thomas Carlyle. [Página 3]
Thomas Carlyle fue un historiador, crítico social y ensayista británico.
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El verdadero hombre siente su superioridad al reverenciar lo que realmente le supera. El corazón no abriga sentimiento más noble ni bendito.
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La virilidad empieza cuando hemos aprendido a vivir en la necesidad.
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Un monstruo hay en el mundo: el ocioso.
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Quien no trabaja no descansa.
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Toda grandeza es inconsciente, o es poco y nada.
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Aún en tus ocupaciones habituales trata siquiera por un día de guardar el secreto de aquello que intentas y a la mañana siguiente verás con mayor claridad tus ideas.
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La historia es como una destilación del chismorreo.
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El trabajo es vida.
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Toda noble empresa parece al principio imposible.
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El genio es el infinito arte de trabajar con paciencia.
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A dos hombres venero yo en este mundo: al labrador sufrido de mano callosa y nervuda, en la que permanecerá para siempre una real e indeleble majestad, puesto que en ella está el cetro de este mundo. Y a aquel que trabaja por las imprescindibles necesidad
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Para disipar una duda, cualquiera que sea, se necesita una acción.
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Nunca debe el hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pues esto no le servirá de nada. En cambio, en su poder está siempre mejorarlos.
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Siempre hay un lugar en las cumbres para el hombre valiente y esforzado.
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Un gran hombre demuestra su grandeza por el modo en que trata a los que son o tienen menos que él.
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¡Cuántas cosas hay en una risotada! Es la clave secreta con que se descifra un hombre entero.
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El hablar que no termina en acción, mejor suprimirlo.
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Los libros son amigos que nunca decepcionan.
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Una vez despertado el pensamiento no vuelve a dormitar.