¡Qué fuerza tiene el alma humana! - pensó Lily; la presencia de la señora Ramsay simplificaba la complejidad de todas las cosas.
Frases célebres de Virginia Woolf. [Página 3]
Virginia Woolf. . Escritora y ensayista británica
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En contra tuya volaré con mi cuerpo invencible e inamovible, ¡oh muerte!
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La muerte es el enemigo. La muerte es contra lo que cabalgo con la espada envainada y el pelo flotando al viento
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La verdad que escribir constituye el placer más profundo, que te lean es sólo un placer superficial
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La sorprende como la sorprendería un objeto raro y extraordinario, una obra de arte; por la sencilla razón de que sigue siendo, a través del tiempo, pura y simplemente él mismo
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Después de eso, ¡Que increíble resultaba la muerte!
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La vida, quizás, no se presta a las manipulaciones a las que la sometemos cuando intentamos contarlas
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Igual que después de un sueño uno advierte una sutil mudanza de la persona con la que se ha soñado
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El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada
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En su vida había sido tan feliz. Sin decir palabra hicieron las paces. Descendieron hacia el lago. Gozó de veinte minutos de perfecta felicidad
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Su cuerpo había sido macerado hasta tal punto de que ahora sólo le quedaban los nervios. Su cuerpo estaba extendido como un velo sobre una roca
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Acuérdate de mi esta noche, su voz sonó frágil y delgada y muy lejana
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Estaba cantando una canción de amor; del amor que ha durado un millón de años
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Su cerebro se encontraba en perfecto estado. Seguro que el mundo tenía la culpa de que no fuera capaz de sentir
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Si, he estado pensando: vivimos sin un futuro. Eso es lo sorprendente: con las narices apretujadas contra una puerta cerrada
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Nada hay tan raro cuando se está enamorada como la total indiferencia de los demás
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Y de nuevo volvió a sentirse sola ante la presencia de su eterna antagonista: la vida
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La escritura no es sino ritmo
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Cuando vio este nuevo libro sobre su mesa de noche, apilado sobre el que había terminado la noche anterior, estiró la mano automáticamente, como si leer fuera la primera y única tarea evidente del día, la única forma viable de negociar el tránsito del sue
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Hay que darse cuenta del contraste que existe entre estas cosas las reales, y las que piensa él