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David Toscana
“
¿Aceptas?, susurró. Sí, respondió ella. ¿En la salud y la enfermedad? ¿En lo próspero y en lo adverso? Soy mujer, dijo ella, sólo me comprometo en la prosperidad, pero a lo demás, sea lo que sea, respondo que sí.
David Toscana
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Los hombres hechos y derechos, aquellos que tienen una mujer esperando su regreso, son los únicos capaces de acabar con el rival, pues a fin de cuentas las guerras no se ganan por la patria, sino por la mujer que dejamos en casa.
La guerra es una larga parranda que se interrumpe de vez en cuando para disparar, y ni aún entonces, si uno no suelta la botella de aguardiente.
Llega un momento en que el reloj o el calendario mata toda esperanza; a cierta hora suena la alarma, que ya no es un timbre o una campana, sino una voz interna, un grito que dice dum tacet clamat, todo se ha perdido.