A Jesús siempre se va y se vuelve por María.
A ese Dios invisible, lo encontramos en las cosas más visibles y materiales.
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Más de Josemaría Escrivá de Balaguer
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Agradece, como un favor muy especial, ese santo aborrecimiento que sientes de ti mismo.
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Bendito sea el dolor. Amado sea el dolor. Santificado sea el dolor... ¡Glorificado sea el dolor!
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Cada vez estoy más persuadido: la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra.