Acuérdate en adelante, cada vez que algo te contriste, de recurrir a esta máxima: que la adversidad no es una desgracia, antes bien, el sufrirla con grandeza de ánimo es una dicha.
Al espíritu divino asentado dentro del pecho no hay que confundirlo ni embrollarlo en el tumulto de las representaciones sino vigilar que esté propicio a obedecer con orden al dios, sin hablar nada contra la verdad ni ejecutar nada contra la justicia.
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La dulzura, cuando es sincera, es una fuerza invencible.
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Ten presente que los hombres, hagan lo que hagan, siempre serán los mismos.
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¿Tienes la razón? Sí. ¿Por qué no la usas? Si ella hace lo que le es propio, ¿qué más quieres?