La precipitación y la superficialidad son las enfermedades crónicas del siglo.
Al negarnos a aceptar un poder superior inmutable que nos supera, hemos colmado el vacío a golpe de imperativos personales y, súbitamente, nuestra vida se ha vuelto espeluznante.
Imágenes
Más de Aleksandr Isayevich Solzhenitsin
-
-
No me asusta morir un día, me asusta morir hoy.
-
Cuando la verdad es evidente para cualquiera, pierde algo de su atractivo.