A los otros no rehusar nada, para sí mismo no exigir nada.
El idioma que todos entienden es el amor.
El mejor lugar en el mundo será siempre aquél en donde Dios me quiera.
La mano del sacerdote está para bendecir, no para castigar.
Llegar a ser misionero no es un sacrificio que hago, sino una gracia que Dios me otorga.