Pareciera, en efecto, que las masas se equivocan y los individuos siempre tienen razón.
A medida que pasaban los subvertigueros les rompían en la cabeza globitos de cristal muy delgado llenos de agua lustral y les hincaban en los cabellos bastoncillos de incienso encendidos que ardían con llama amarilla en los hombres y violeta en las mujere
Imágenes
Más de Boris Vian
-
-
Yo no busco la felicidad de todos los hombres, sino la de cada uno de ellos
-
La costumbre debilita las impresiones
-
Toda la fuerza de las páginas de demostración que siguen procede del hecho de que la historia es enteramente verdadera, ya que me la he inventado yo de cabo a rabo.