Aún en los centros más avanzados de progreso técnico y rendimiento educativo cohabitan y llegan a liderar los demagogos, los iluminados, los fundamentalistas o los tiranos potenciales.
Argentina desmiente la afirmación ética, moral y religiosa del credo oficial fundamentado en la Biblia por la que juraron una mayoría de sus políticos: hemos avalado un país donde los únicos privilegiados no son los niños, sino los corruptos que les roban