Yo no soy mi cuerpo; soy más. Yo no soy mi habla, mis órganos, el oído, el olfato; eso no soy yo. La mente que piensa tampoco soy yo. Si nada de eso soy, entonces ¿Quién soy? La conciencia que permanece, eso soy.
Así como un buscador de perlas se ata una piedra a la cintura para sumergirse y tomar la perla del fondo del mar, cualquiera que bucee en las profundidades de su propio ser con desapego puede obtener la perla del Yo.
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En el resplandor del Yo, la oscuridad de la ilusión se disipa para siempre.
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La plegaria no es verbal. Proviene del corazón. Sumirse en el corazón es plegaria, es la gracia.
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Lo que importa es solamente lo que es natural. Esto deberá ser eterno. Lo que nace debe morir; lo que se adquiere debe perderse. Tú eres eternamente existente. El Yo nunca puede perderse.