Asombra que yo no haya abandonado aún todas mis esperanzas, puesto que parecen absurdas e irrealizables. Sin embargo, me aferro a ellas, a pesar de todo, porque sigo creyendo en la bondad innata del hombre.
Brilla el sol, el cielo es maravillosamente azul, el aire está cargado de promesas y mi alma despierta a todos los deseos ...
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Tuve la suerte de ser arrojada bruscamente a la realidad.