Como los individuos, las naciones nacen y mueren; pero la civilización no puede morir.
Caminamos en la tempestad, pero más allá de ella está el sol, el sol de Dios, espléndido, eterno. Ellos podrán, durante algún tiempo, velarlo, encubrirlo a nuestras miradas, pero jamás borrarlo del cielo.
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El verdadero instrumento del progreso radica en el factor moral.
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La constancia es el complemento indispensable de todas las demás virtudes humanas.
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La música es un eco del mundo invisible.