Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos. No hay más que malos cultivadores.
Ciertas personas son malas únicamente por necesidad de hablar. Su palabra, conversación en los salones, en la antecámara, son como esas chimeneas que consumen pronto las leñas; no necesitan mucho combustible; y el combustible es el prójimo.
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A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchísimos les falta es voluntad.
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Atreveos: el progreso solamente se logra así.
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Burgueses, arribistas que sacan la escalera tras ellos y no dejan subir al pueblo.