El honor nacional requiere un esfuerzo. El jefe de la escuadra debe hacer y hará su deber. Si el éxito es favorable, todo irá bien; pero si es desgraciado, suplico se salve mi nombre y el honor de mi familia.
¡Compatriotas! Vuestra estimación es el más dulce premio a que podría yo aspirar. Mi vida es vuestra, y rendirla por la gloria del país, es mi primer deber.
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¡Marinos y soldados de la República! ¿Veis esa gran montaña flotante? ¡Son 31 buques enemigos! Mas no creáis que vuestro General abriga el menor recelo, pues que no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la 25 de Mayo que será echada a pique antes
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¡Fuego rasante que el pueblo nos contempla!
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¡Es preferible irse a pique que rendir el pabellón!