La apertura de la posición en el centro terminará siempre por favorecer al bando que tenga superioridad de espacio.
Cuando juego al ajedrez, dentro de mí se libra una extraña batalla entre la fantasía por un lado y el razonamiento sensato por el otro. El exceso de imaginación o de pensamiento racional pueden ser igualmente peligrosos. Esas dos fuerzas tiran hacia lados
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No sé cómo podré ganarle seis partidas a Capablanca, pero tampoco sé cómo podrá ganármelas él a mí.
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El ajedrez es vanidad.
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Alguna vez los hombres tuvieron que ser semidioses; si no, no habrían inventado el ajedrez.