Se dijo, pero no se escuchó. Se escuchó, pero no se entendió. Se entendió, pero no se aceptó. Se aceptó, pero no se llevó a la práctica. Se llevó a la práctica, pero ¿por cuánto tiempo?
Cuando uno compara la amenaza que surge de las armas nucleares con los efectos que ejercen sobre la humanidad los otros siete pecados capitales, es imposible dejar de ver que entre los ocho, éste es el que más fácilmente se puede evitar.
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Nosotros somos el eslabón perdido, tanto tiempo buscado, entre el animal y el hombre auténticamente humano.
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Yo creo que el hombre civilizado del presente sufre de insuficientes descargas de su instinto de agresividad.
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Los historiadores deberán aceptar que la selección natural determinó la evolución de las culturas de la misma manera que lo hizo con las especies.