A veces los pensamientos nos consuelan de las cosas, y los libros de las personas.
Cuando uno escribe debe decir sólo lo que aquellos a quienes uno se dirige quieren saber. No es a la satisfacción del propio espíritu a lo que uno debe aspirar en esta correspondencia, sino a la satisfacción del espíritu del otro.
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No hay que elegir por esposa sino a la mujer que uno elegiría por amigo si fuera hombre.
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Es imposible volvernos instruidos si sólo leemos lo que nos gusta.
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Aquel que tiene imaginación, pero carece de conocimientos, tiene alas, pero no tiene pies.