Tu amor fue mi perfume, mi esperanza, la novela de mi alma, mi alegría, cuando tú me decías: mi poeta, me inundabas de luz y de poesía.
Cuide cada uno lo suyo que es la cosa más derecha. No abandone su cosecha, el gaucho que haiga sembrao.
Imágenes
Más de Estanislao del Campo
-
-
¿Por qué llorar mi muerte si mi vida era un erial de espinas y de abrojos?
-
Dicen que soy horroroso: por la lisonja, mil gracias: mira tú mi corazón y prescinde de mi cara.
-
Las cicatrices del rostro poco me importan, o nada; las que me importan, y mucho, son las que tengo en el alma.