El precio que pagamos por la previsión del futuro es la desazón que ello engendra.
Dentro de un milenio nuestra época se recordará como el tiempo en que nos alejamos por primera vez de la Tierra y la contemplamos desde más allá del último de los planetas, como un punto azul pálido casi perdido en un inmenso mar de estrellas.
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La curiosidad y el afán de resolver dilemas constituyen el sello distintivo de nuestra especie.
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Es evidentísimo que por la noche somos muy vulnerables. Los griegos reconocieron a Morfeo y a Tanatos, dioses del sueño y la muerte, como hermanos.
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El temor a las caídas guarda clara relación con nuestros orígenes arbóreos y, sin duda, es un temor que compartimos con el que sienten otros primates.