A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.
Después de la propia sangre, lo mejor que el hombre puede dar de sí mismo es una lágrima.
Imágenes
Más de Alphonse de Lamartine
-
-
Amé, fui amado: basta para mi tumba.
-
Apóyese sobre el obstáculo y láncese más lejos.
-
Con sus tendones de hierro nos aprisiona el hábito día tras día.