Como niño de pecho en brazos de su madre, así en mí está mi alma”.
Después del tercer escrutinio, me habría gustado desaparecer sin llamar la atención
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Humilitas.
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Dios detesta las faltas, porque son faltas. Pero, por otra parte, ama, en cierto sentido, las faltas en cuanto le dan ocasión a Él de mostrar su misericordia y a nosotros de permanecer humildes y de comprender también y compadecer las faltas del prójimo
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El señor nos ha dado este cuerpo, animado de un alma inteligente, y una bella voluntad. Y ha dicho: esta máquina es buena, pero trátala bien.