Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.
El alma en su mirar se transparenta, mirar sereno, vívido y ardiente, y su robusta máquina alimenta la eterna llama que en el pecho siente.
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Las ilusiones perdidas son hojas, desprendidas del árbol del corazón.
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¡Ay! ¡Nunca busquemos la triste verdad! La más escondida tal vez, ¿qué traerá? ¡Traerá un desengaño! ¡Con él un pesar!
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¿Quién pensara jamás llegase un día en que, perdido el celestial encanto y caída la venda de los ojos, cuanto diera placer causara enojo?