En la política el arrepentimiento no existe. Uno se equivoca o acierta, pero no cabe el arrepentimiento.
El Estado no está por encima de las clases, no es un árbitro entre ellas, como pretende una ideología que se remonta, en unas u otras versiones, por lo menos hasta Hegel y que el fascismo ha llevado al extremo límite. Sin transformar el aparato del Estado
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El capitalismo puede llegar a destruir a la especie humana.
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Cuando Mariano Rajoy dice: ‘¡Vuelva, señor González!’, yo podría responderle: ‘¡Vuelva, señor Fraga!’, antes de que sus sucesores nos metan en un conflicto imposible de superar.
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Pensó en hacerse maestra y acabó siéndolo de millones de seres.