Afirmo deliberadamente que la religión cristiana, tal y como está organizada, ha sido y aún es el principal enemigo del progreso moral en el mundo.
El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que es libre en sus afectos y tiene amplios intereses, el que se asegura la felicidad por medio de estos intereses y afectos que, a su vez, le convierten a él en objeto de interés y el afecto de otros mucho
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Al contrario del esquema habitual me he hecho gradualmente más rebelde a medida que envejezco.
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Aún cuando todos los expertos coincidan, pueden muy bien estar equivocados.
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Carecer de alguna de las cosas que uno desea es condición indispensable de la felicidad.