Los niños nacen ateos; ellos no tienen idea de dios.
El hombre, tanto físico como moral, ser viviente, sensible, pensante y actuante, no tiende en cada instante de su vida más que a procurarse lo que le gusta o lo que está conforme con su ser, y se esfuerza por apartar de sí todo lo que le puede dañar.
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La traición supone una cobardía y una depravación detestable.