... a decir verdad Dios no parece necesitar razones para hacer lo que hace y para omitir lo que omite, al igual que sus criaturas.
El mar, el cielo, la montaña, las islas, vinieron a aplastarme en una sístole inmensa, después se apartaron hasta los límites del espacio. Pensé débilmente y sin tristeza en el relato que había intentado articular, relato a imagen de mi vida, quiero decir
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Cuanta más gente encuentro, más feliz soy. Con la criatura más insignificante, uno aprende, se enriquece, saborea su felicidad.
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Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.
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Empleo las palabras que me has enseñado. Si no significan nada, enséñame otras. O deja que me calle.