No siempre somos lo que parecemos, y casi nunca somos lo que soñamos.
El príncipe puede matar un millar de dragones, pero no puede destruir castillos o destronar reyes. No va con su carácter. Es un hijo obediente que trata, ¡Ay de él!, de ser digno del hombre al que llama su padre.
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Un sueño que se repite tan a menudo es una suerte de mensajero, que viene a predeciros el futuro o a recordaros cosas prematuramente olvidadas.
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La perseverancia constituye las nueve décimas partes de cualquier arte...Aunque no sirva de mucho ser nueve décimas partes de artista, por supuesto.
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A las chicas les gustan más los poemas que los dragones muertos y las espadas encantadas.