Ser yonqui te da un aire barriobajero que vuelve locas a las mujeres.
El último momento exultante que he vivido fue esta mañana, caminando a orillas del Sena. Quise gastarle una broma a un pescador. Le dije que no le iban a picar, pero no debió entenderme.
Imágenes
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Ninguna de las dos o tres personas a las que he amado de verdad consideraban que mi música fuera buena. Y eso mosquea.
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No veo por qué la gente dice que soy una mala influencia. Conocí a muchos chicos que están en la música. He pasado todo el tiempo que he podido con ellos. Escucho sus demos y los animo.
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Nadie me pidió nunca el número de teléfono de un vendedor de drogas. Es música, música, música. Esa es mi influencia”.