Hay dos clases de sacrificios: los correctos y los míos.
En este momento, ¡yo le podía comer hasta 3 piezas diferentes! Alo que Tahl contestó sonriente: Cierto, ¡pero sólo podía comerme una pieza en cada jugada!
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Si prohibiesen el ajedrez, probablemente me haría contrabandista.
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Los aficionados al ajedrez, los aficionados y los lectores sólo son felices cuando un gran maestro se arriesga, más bien que cuando se limita a mover los trebejos.
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El hombre acepta sin problemas que una máquina corra más que él. Pero, difícilmente aceptará, que piense mejor que él.