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Gabriel Matzneff
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En la cuenca mediterránea, ese contacto con los niños es cotidiano, permanente, no representa ningún problema. Las calles, las tiendas, las playas bullen de chiquillos, y de chiquillos ya independientes, dejados a su aire, liberados de la vigilancia de su
Gabriel Matzneff
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Lo que me cautiva no es tanto un sexo determinado como la juventud extrema, ésa que va de los diez a los dieciséis años y que a mi juicio es —con más motivo que lo que suele entenderse por esa fórmula— el verdadero tercer sexo.
Ese gusto por los niños, ¿es homosexual? Stricto sensu, sí: un chico de trece años es del mismo sexo que yo, y por lo tanto, al acostarme con él realizo un acto homosexual. Sin embargo, si homos significa semejante en griego, está claro que ese muchacho y
La juventud corre con su antorcha, y su luz es fugaz.
En el amor por los niños no hay ningún desprecio. Un pederasta, un amante de los niños, no tiene por qué buscar excusas, ni tiene por qué justificarse perdóname, pequeña, ¡pensaba que eras tu hermana!: un niño es un niño, su especificidad no deja lugar a