El destino reparte cartas y tu juegas la mano que te ha tocado. No gimoteas, no te quejas.
En realidad, no iría a terapia ni en sueños. La meta de la terapia es hacerte feliz. La gente feliz no es interesante. Mejor aceptar la carga de infelicidad e intentar transformarla en algo que valga la pena, poesía, música o pintura
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Amor: eso que el corazón ansía dolorosamente