¿No ves que muero, tanto por haber bebido demasiado como por mi necesidad de beber?
Entérate que tengo mucha sed y que sólo podré abrir cuando la haya saciado. Necesito la sangre de cincuenta niños: tómalos de entre los hijos de tus visires y los grandes de tu Corte... Ni mi sed ni tu curiosidad estarán satisfechas. Regresa, pues, a Sama
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¿Por qué haces el ejercicio de un perro? ¡Oh, Califa, tan orgulloso de tu dignidad y de tu poder!
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La desgracia caerá sobre el temerario que desea saber lo que debiera ignorar y acometer lo que excede a sus facultades.
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¡Hemos sido hechos donde todo se hace bien; somos la menor de las maravillas de una región en la que todo es maravilloso y digno del mayor Príncipe de la tierra!