Ayer pasó Dios por mi puerta y me miró a los ojos nunca lo había visto de aquel modo inquisitivo. Hizo que repitiera el nombre que llevo entre los labios: era tu nombre, amor.
En todos los cielos te encuentro.
Imágenes
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Entras. Te sientas. Cruzas las piernas. Y los ojos se me caen como moneditas falsas, tintineando.
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Verte de nuevo no es reencontrarte, es cerrar el círculo de angustia para romperlo en todos los pedazos.
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La clase media tiene blancos los ojos y sólo mira desde el ojo de la llave, sus trapos limpios, lavados en casa, y sus zapatos brillantes son sus melancólicas señales.