Porque ninguna lágrima rescata nunca el mundo que se pierde ni el sueño que se desvanece.
Espera, no te duermas. Esta noche somos acaso la raíz suprema de donde debe germinar mañana el tronco bello de una raza nueva.
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Llueve, llueve, llueve, y voy, senda adelante, con el alma ligera y la cara radiante, sin sentir, sin soñar, llena de la voluptuosidad de no pensar.
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Me verás reír viéndome sufrir. Y tú llorarás. Y entonces... ¡más mío que nunca serás!
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Amando, se poseen todas las primaveras.