A siete años de un suceso, el suceso ya es otro.
Estas páginas accesorias con las que suele ser costumbre presentar las nuevas salidas de los libros, se agostan sobre la marcha y con ellas no valen vitaminas, ni testovirones, ni paños calientes.
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Yo soy, como buen español, pedorro domiciliario.
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La más noble función de un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir.
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La muerte es de una vulgaridad absoluta; todos los nacidos terminan pasando por ella.